Distingue una función de una aportación
Una función explica qué estaba a tu cargo; una aportación muestra qué hiciste o mejoraste. Ambas pueden ser útiles. Para encontrar logros, recuerda problemas que resolviste, procesos que organizaste, entregas que completaste o conocimientos que compartiste. No todo resultado necesita un porcentaje.
Usa acción, contexto y resultado
Empieza con un verbo concreto, añade el contexto necesario y termina con el resultado observado. Ejemplo ficticio: “Organicé las consultas frecuentes en una guía interna que el equipo utilizó para responder casos repetidos”. La frase identifica una acción y un uso verificable sin fabricar una mejora numérica.
- Qué hiciste: preparé, coordiné, analicé, diseñé o resolví.
- Dónde y con qué: proceso, equipo, herramientas o alcance.
- Qué ocurrió: entrega completada, problema resuelto o cambio documentado.
Añade cifras solo si tienes respaldo
Utiliza cantidades que recuerdes con precisión o puedas comprobar en registros autorizados. Explica a qué periodo corresponden y qué parte del resultado dependió de ti. Si el trabajo fue colectivo, utiliza expresiones como “contribuí” o “junto con el equipo”.
Si no tienes datos fiables, cuenta el resultado cualitativo. No calcules porcentajes a partir de una impresión ni incluyas información confidencial de clientes o empleadores.
Selecciona lo que importa al puesto
Elige dos o tres aportaciones relevantes por experiencia en lugar de listar todas tus tareas. Evita repetir el mismo logro en el resumen y en cada sección. Lee las frases en voz alta y comprueba que podrías explicar el contexto en una entrevista sin exagerar tu responsabilidad.